Cine de pueblo
La apertura de auditorios rescata el séptimo arte en localidades que habían perdido las salas desde hace años.
El cine de pueblo se aferra a la vida. El cierre de salas ha pasado a la historia tras la salida a escena de los municipios, que se han conjurado contra la pérdida del séptimo arte en las localidades más pequeñas. La operación rescate se ha orquestado desde las kultur etxeas, que han irrumpido en un monopolio reservado a las grandes superficies y a las multisalas de la capital.
Los ayuntamientos han sido el refugio definitivo para evitar la desaparición de las grandes pantallas ante el incesante asedio que ha provocado el cierre en cascada de los cines privados, sentenciados por los cambios de hábitos y la contundente aparición de los centros comerciales. “Es una garantía de supervivencia. Ningún Ayuntamiento dejaría caer al cine”, recalca Olatz Calparsoro, responsable de la distribuidora Fides, que da servicio a nueve municipios vizcainos.
Las kultur etxeas han resucitado al cine en pueblos que carecían de sala desde hacía décadas. En ese punto, ha resultado clave la imagen de modernidad que mantiene esta industria contra viento y marea. “Casi todas las kultur etxeas tienen una cartelera cinematográfica. Para ellos, es un sinónimo de desarrollo que muestra un pueblo que crece”, señala Calparsoro.
De hecho, los encantos del cine han seducido a partes iguales a municipios grandes y pequeños que en los últimos años se han embarcado en la apertura de auditorios haciendo de las películas de actualidad uno de sus principales reclamos culturales.
De hecho, el tirón es tal que la cartelera se ha transformado en una herramienta para las políticas sociales de los ayuntamientos. “Para muchos municipios se ha convertido en una forma de retener a la población para que haga vida en el pueblo. De esta forma, se apoya al comercio y a la hostelería local”, apunta Calparsoro.
En el caso de Zalla, los responsable culturales admiten que las proyecciones son uno de los antídotos empleados contra el fenómeno del botellón. “El cine puede ser deficitario económicamente, pero compensa porque permite una oferta de ocio alternativa”, destaca el técnico de Cultura, Javier Allende.
Con este fin, el Zine Antzokia de Zalla programa su sesión del viernes a las 22.30 horas fuera del horario más comercial asumiendo la caída de la asistencia entorno a los 50 espectadores. De igual modo, la cartelera local también ha supuesto una alternativa al éxodo a los centros comerciales. “Mucha gente se pregunta por qué tengo que coger el coche para ir a una gran superficie si puedo tener un cine en el centro del pueblo”, expone Calparsoro.
Por otro lado, la crisis también ha permitido reivindicar el papel social de esta oferta como una opción de ocio menos consumista. “La gente se ha fijado en el cine de pueblo porque es más barato. Te libra de coger el coche y de cenar fuera, lo que te llega ahorrar entre 10 y 12 euros”, destaca Alfonso Benegas, responsable de la empresa Areto S.L., que simultánea la explotación del Zugaza de Durango con la distribución de películas para 34 salas municipales vascas. En este punto, destaca sus competitivas tarifas con precios populares a 4 euros la sesión de adultos y a 3 la infantil.
En cualquier caso, el renacimiento del cine no ha supuesto la vuelta a la época dorada del celuloide de gran parte del siglo XX, cuando suponía la principal -y casi única- oferta de ocio. “Los pueblos tienen un planteamiento más modesto con menos variedad de oferta, aunque disponen de cómodas instalaciones”, apunta Calparsoro.
Los nuevos tiempos han obligado al séptimo arte a convivir con sus parientes de las artes escénicas en auditorios multiusos que condensan la oferta municipal con propuestas de teatro, conciertos o danza. Así, la competencia araña la preeminencia del cine hasta el punto de provocar la anulación de sesiones.
De hecho, en algunas localidades como Gernika la voz cantante la lleva el teatro. “El cine es el relleno”, admite sin ambages Jon Kepa, responsable de la empresa explotadora del Lizeo Antzokia de Gernika. Por otro lado, la cartelera se ve condicionada por la vertiente cultural con la inclusión de películas en euskera de menor tirón.
Rápido, rápido En cualquier caso, la gestión municipal del cine no escapa a la lógica implacable del mercado que sitúan a las películas más cerca de los productos de consumo que de las obras de arte. “El cine se ha convertido en una hamburguesa que se tiene que servir en el momento. Todo lo que se da un mes más tarde de su estreno no funciona porque la gente no va a verlo”, recalca Benegas.
Del mismo modo, la vigencia de las películas en las localidades es corta y no resiste más de un fin de semana, salvo las cintas más taquilleras. “Para cuando llega a un pueblo lo ha hecho antes a Bilbao y a los centros comerciales. Al mismo tiempo circula en localidades vecinas. Ya no queda público”, señala el responsable del Zugaza de Durango.
La asistencia de público determina el lugar en la cola de espera a la hora de recibir una película de las distribuidoras. Los municipios constituyen un segundo circuito tras la capital vizcaina y las grandes superficies, donde tienen lugar los estrenos. Sin embargo, los cines con mayor tirón logran reducir la espera a las dos semanas, como ocurre en el caso de Durango, Galdakao o Zalla.
De hecho, los cines con mejores audiencias son los primeros en optar a un estreno cuando aparece una superproducción con un considerable número de copias. En el caso de Durango, el Zugaza constituye la punta de lanza del circuito de cines locales vascos gestionados por la empresa Areto.
El tirón del cine varía en cada localidad dependiendo de la gestión de las kultur etxeas y de la afición cinéfila de la zona. El Zornotza Aretoa, pionero del circuito municipal vizcaino hace quince años, se ha resentido en los últimos tiempos por la creciente competencia tras la apertura de nuevos cines en la comarca.
“Hemos tenido que reducir las cuatro sesiones por semana que teníamos al principio a tres o incluso dos”, admite el programados Luis Javier Ugarte. Pese a ello, la sala registra una afluencia media cercana a los 130 espectadores, superior a las de muchas otras localidades.
En el extremo opuesto se sitúa Zalla, que vive la pasión del cine tras su apertura hace menos de cinco años. El Zine Antzokia ha sido la rampa de despegue de la gran pantalla con un edificio emblemático de nueva construcción que ha costado seis millones de euros. “Ha sido la mayor inversión municipal”, recalca el técnico de Cultura Javier Allende.
La apuesta de los responsables por una cartelera atractiva ha dado sus frutos consiguiendo abortar la fuga a Bilbao de los aficionados tras la apertura del corredor del Kadagua. De hecho, 155 personas acuden de media a las sesiones, 8 más que en el momento de la apertura. Esta afluencia ha permitido sufragar totalmente el coste de alquiler de las películas.
Igorre trata de impulsar el Lasarte Aretoa, auditorio abierto en 2006. En este punto, admiten que el cine en la localidad resulta hasta la fecha claramente deficitario. Sin embargo, la recaudación aumentó ligeramente el pasado año hasta los 13.183 euros con un total de 4.132 espectadores, que se traduce en una media de 50 por sesión. Por este motivo, se mantienen esperanzados con el margen de crecimiento, lo que les ha llevado a iniciar una campaña de promoción en las localidades más cercanas.
Gernika tampoco se ha acabado de consolidar como plaza de cine desde la apertura del Lizeo Antzokia hace siete años. “La asistencia no llega para pagar las películas. No da ni para pipas”, sentencia rotundo Jon Kepa, responsable de la empresa explotadora. Por este motivo, se aferra al teatro, auténtica estrella en la villa con más de 100 espectadores en cada sesión.
Leioa, por su parte, recalca la progresiva implantación de la cartelera municipal tras cuatro años de actividad pese a la imponente presencia de Artea. “Nos ha costado arrancar, pero la gente valora ya la cercanía de su casa y la falta de colas en la entrada”, señala la directora del Kultur Leioa, Ana López Asensio.
Llega la renovación digital
La revolución del cine toca la puerta de los pueblos con la llegada de la tecnología digital en Durango prevista para este año. “Supondrá un cambio radical similar al paso del blanco y negro al color”, recalca Alfonso Benegas, gerente del Zugaza. La iniciativa colocará a Zugaza en la primera línea tecnológica de los cines de Bizkaia a la altura de los más recientes de los centros comerciales, los Yelmo de Megapark y los de Ballonti en Portugalete. Esta sala, la última superviviente de las explotaciones privadas en las localidades fuera de la capital, ha hecho de la inversión su tabla de salvación. Precisamente, su responsable atribuye al abandono de los propietarios gran parte del declive del cine de pueblo. “No se ha apostado por el negocio”, recalca. A este respecto, apunta a la trayectoria del Zugaza como ejemplo de que la rentabilidad se mantiene en las localidades menores que mejor cuidan al cine. Benegas destaca que la nueva tecnología acercará a Durango trabajos en tres dimensiones o retransmisiones en directo de acontecimientos deportivos o culturales, como partidos internacionales o piezas de ópera. Además, se proyecta remodelar el anfiteatro del local para crear una estancia VIP con amplios butacones.
Fuente/deia.com/